Las cosas van a cambiar mucho…

 

Lunes a primera hora, justo antes de iniciar la jornada laboral teníamos programada la segunda ecografía de control después de que quince días atrás nos confirmaran que, por fin, después de casi cuatro años, volvíamos a estar embarazados  (aunque los cambios en el organismo y la creación de la vida son cosa de la mujer, quiero creer que en siglo XXI el embarazo es cosa de dos) .

Después de la sesión de pesaje y las típicas preguntas de control (síntomas, incidencias y/o ruegos y preguntas) nos dirigimos a la hoy menos lejana sala de ecografías. La verdad que ninguno de los dos llegábamos con especial miedo a esta prueba, sobretodo porque mi mujer, Yolanda ( a la que desde aquí invito formalmente a formar parte de esta bitácora), se sentía tranquila y eso me transmitió pausa y coraje para lo que sea que fuese lo que tuviese que venir.Por mi corta experiencia en estos meses, la mitad de la pareja que no está embrazada es como un acomodador de cine, sólo puedes tratar que los demás estén cómodos, sentarte y esperar que los acontecimientos sigan por buen cauce hasta llegar a un final feliz.

La cuestión es que nos encontramos en una pequeña y apartada sala, puertas cerradas, una mujer semidesnuda con las piernas abiertas, un médico alto y atractivo , una enfermera y un mirón, suena a peli porno pero acaba como una buena peli de serie B donde el miedo y la risa se concatenan hasta que te dejan buen sabor de boca.

– “Vamos allá!” – suelto mientras me siento en una cómoda silla de cortesía,  dispuesto a esperar cortesmente a  que empiece la final ( para los que hemos pasado por una FIV, los momentos “ecografía vaginal” dejan de sorprenderte hasta convertirse en un tedioso momento de la verdad). Así que el doctor espera a que la enfermera le unte gel en el sofisticado falo gigante de plástico, una vez embadurnado ves como desaparece en el interior de tu mujer (…), acto seguido – tratando de borrar esa imagen de tu cabeza- fijas la mirada en el  monitor TFT dispuesto estratégicamente a escasos centímetros del techo para que los padres vean el interior uterino y puedan dejar su boca abierta al menor descuido… en ese momento,  la verdad es que uno mira la pantalla monocromo con toda la actitud del mundo y la esperanza de entender algo de lo que está viendo; …negro….negro….gris….rallas grises…muchas rallas grises…un vacío de rallas grises…de nuevo gris… otro vacío de rallas grises… (“¿otro vacío de rallas grises? que va, que no te enteras, anda, no digas nada y sigue intentando ver algo” quiero creer que algo así me dije a mi mismo) … el silencio estaba reinando en la sala … hasta que el doctor desliza :

– Aquí está uno….susto o muerte
– ¿cómo que “unooo”? (me salió de muuuy adentro, no puede contenerme)
– …y aquí está el otro” -se apresuró a acabar…

(…) y otra vez reinó momentáneamente hasta que la risa de Yolanda , entre histérica y sincera, se encargó de romper el hielo. De ahí otra vez a esperar a que mi mujer se vistiera mientras oíamos los comentarios del equipo sanitario (“podía pasar, es frecuente en las fecundaciones in vitro”, “así tenéis la faena hecha”, “para ellos es mejor” y blablabla…).

Esa noche ninguno de los dos pudimos contener el sueño; los cambios, la felicidad, el saber que te espera una tarea imponente por delante, el tema del dinero, del tiempo que ya no tendrás para ti, el tiempo que no tendrás para tu pareja, el tema del futuro a corto y medio plazo… pues sí, las cosas van a cambiar mucho por aquí.

 voyaserpadre mellizos